“Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios” (Doc. Aparecida 247).
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quinta-feira, 22 de setembro de 2011
ENVIAME: LLAMADOS A PROFETIZAR HOY: Isaías 6,1-13.
1El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado en un trono alto y elevado. Las orlas de su vestido llenaban el templo. 2 Por encima de Él había serafines de pie, con seis alas cada uno: con dos se cubrían el rostro, con otras dos se cubrían hasta los pies y con los otras dos volaban. 3 Se gritaban el uno al otro: "¡Santo, Santo, Santo es Yahveh Sebaot; toda la tierra está llena de su gloria!". 4 Los quicios de los umbrales retemblaban al clamor de su voz y el templo se llenó de humo.
El año 740 a. C. es la fecha más probable para esta visión de Isaías que nos narra su vocación, o mejor, su misión, no al comienzo como Jeremías (1,1-19) sino ya avanzado el libro. El relato define también la misión del profeta y levanta la cuestión o problema de la conversión o no conversión de los destinatarios de la palabra profética. La muerte de Ozías coincide con la entronización de su hijo Joatam, de quien se dicen cosas tan negativas en 2 Rs 15 (vv. 32-35) o en 2 Cr 27,1-9, como de su sucesor Acaz (2 Rs 16; 2 Cr 28).
Vi al Señor: Isaías narra la visión de Yahvé sentado en un trono alto y elevado, es decir, con los rasgos de un rey, en posición de su ejercicio de poder. El profeta narra una experiencia trascendental en su vida y en la historia de la profecía. Se destaca la majestuosidad de Dios, sentado en su trono, rodeado de sus ministros y cubriendo el templo con la orla de su manto. La designación de Dios como el Señor es significativa con otras escenas en que Isaías tendrá que hablar a un rey.
Podemos destacar tres partes: 1-5: teofanía; 6-7: consagración, y misión: 8-12 (13).
En los vv. 1-4 aparece otra clave de lectura de la visión y en las expresiones de plenitud: el manto llena el templo, la gloria de Yahvé llena la tierra, el humo llena la casa o el templo. En el centro está la expresión de la plenitud de la gloria, que expresa fama/exaltación, peso/carga/energía y al mismo tiempo esplendor: algo luminoso, sobre todo en las manifestaciones de Dios. Contrasta la plenitud del comienzo con el “vacío” del final.
Serafines: Estos están de pie, por encima del personaje que está sentado, indicando así su posición de servicio.
Santo, Santo, Santo: Aclamación ya utilizada en el culto de Isaías. El triple “santo” no es una invocación a la santidad y virtud de Yahvé, sino a su exclusividad para Israel: es un Dios diferente del de los otros pueblos y reservado/consagrado a su pueblo, un Dios “especial” para Israel (Croatto). Ya desde 1,4 y 5,19 hasta el final (60,9.14) el libro de Isaías usará este título divino como uno de sus ejes de sentido.
La “santidad/exclusividad” de Yahvé conlleva la fidelidad absoluta de Israel para con El. Este es un tema fundamental para Isaías. Aquí se muestra como expresión fundamental de una teología que constituye el núcleo del mensaje de Isaías: cf. 1,4; 5,19.24; 10,20; 12,6; 17,7; 29,19; 30,11.15; 31,1; 37,23, y ordena la actitud que se exige ante Dios, el Santo de Israel (fórmula que reencuentra 11 veces en la primera parte de Isaías y 13 en la segunda, así como en Jr 50,29; 51,5 o en Sl 71,22; 78,41; 89,19).
La teología de la santidad de Dios, que conlleva la del pueblo, reaparecerá con Ezequiel, en Is 40-55 y en ciertas tradiciones sacerdotales conservadas en Jerusalén (cf. sobre todo Lv 17-26). Sobre el Señor todo-poderoso cf. Gn 2,1 y 1 Sm 6,3: 2 Sm 6,18.
El Señor todo-poderoso. El Dios de Israel fue llamado “Dios de los Ejércitos” (cf. Gn 2,1; 2 Sm 6,18; Sl 24,10; 46,8; Is 6,3.5). El término evoca los ejércitos de Israel en orden de batalla; después, como en Dt 4,19, designa las constelaciones o elementos que constituyen el universo organizado.
Gloria: a veces utilizada como doxología en los Salmos (Sl 72,19; cf. 57,6.12; 108,6).
5 Yo dije: "¡Ay de mí! ¡Estoy perdido, pues soy hombre de labios impuros que vivo en un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al rey, a Yahveh Sebaot!". 6 Voló entonces hacia mí uno de los serafines, con una brasa encendida en su mano, que había tomado de encima del altar con unas tenazas; 7 y, tocando mi boca, dijo: "Mira, esto ha tocado tus labios: ha sido quitada tu culpa, está perdonado tu pecado".
Los vv. 5-7, forman la segunda escena, donde se muestra la reacción de Isaías ante la visión, y el rito de purificación y consagración de su boca, que está destinado a hablar. Isaías confiesa que es una persona de labios impuros en medio de un pueblo de labios impuros. Solamente Isaías es purificado, luego será la palabra del profeta que invitará a la conversión al pueblo, para que vuelva al Señor. Tenemos un gran contraste, el profeta de labios impuros dice que ha visto al rey, a Yahveh Sebaot. Lo ha visto y está llamado a vivir, a profetizar, no a morir. Ver al Señor ayuda a vivir de una manera nueva. Un serafín lleva a cabo la purificación de la boca, representando la persona toda del profeta con una brasa: el profeta experimenta una purificación ¡a fuego! Y experimenta que su culpa ha sido quitada y su pecado perdonado, anticipo de lo que el Señor quiere llevar a cabo con su pueblo.
8 Yo oí la voz del Señor, que decía: "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?". Aquí estoy yo -respondí-, envíame. 9 "Ve -contestó él- y di a este pueblo: "Escuchad atentamente, pero no entendáis; mirad bien, pero no percibáis". 10 Embrutece el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, ciega sus oídos, para que sus ojos no vean, ni oigan sus oídos, ni entienda su corazón y no se convierta y se cure".
La tercera escena (vv. 8-10), no es de visión, sino de audición. Escucha la voz del Señor que invita a ir, a ponerse en pie de misión y a ir de parte de Dios. El profeta es el “portavoz” de Dios, lleva siempre su palabra y habla con la misma autoridad de Dios, por eso usa la expresión “oráculo”, o “palabra” del Señor cada vez que se dirige al pueblo.
Aquí estoy:envíame!. Profundización a partir del eco de otros relatos de vocación-misión:
a) En contraste con Moisés (Ex 3-4), Isaías responde inmediatamente, Moisés dudando, presentando mil y una excusas para no aceptar la misión. Jeremías, 1,4-19, también indica su falta de idoneidad: no sabe hablar, indicando la cualidad principal para poder llevar a cabo la misión. Jacob (Gn 32,23-33) muestra toda una noche de lucha hasta rayar el alba. Cada persona responde desde lo más íntimo de su personalidad.
b) Encontramos, por otro lado, en la respuesta de Isaías a la misión ecos de la disponibilidad de Samuel (1 Sm 3,1-21); de la obediencia y prontitud de hacer la voluntad del orante del Salmo 40,7-11 que luego la Carta a los Hebreos aplicará a la obediencia total y radical de Jesús a la voluntad del Padre (Hb 10,5-7); eco también de la “servicialidad incondicional” de María a cumplir la Palabra del Señor (Lc 1,38); ecos de la generosidad de Pedro y de los otros discípulos: “nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido”; ecos finalmente de la respuesta de los primeros discípulos que encontramos en los Evangelios como modelo de respuesta ante la llamada-misión de todo cristiano: Mc 1,16-20; Mt 4,18-22; Lc 5,1-11; 5,27-32. cf Lc 9,57-62.
Di a este pueblo: Diferente de la expresión "mi" pueblo en los labios de Yahvé (3,12-15). Aquí se le llama dí a "este" pueblo, como indicando distancia y que Dios no quiere nada con él. Posiblemente haga referencia a algunas personas con responsabilidad, los dirigentes, especialmente los de Jerusalén.
El profeta anuncia el mensaje a este pueblo pero la respuesta de los destinatarios es negativa, expresada en la fórmula: “escucharéis pero no entenderéis, veréis pero no comprenderéis”. No se trata de que Isaías repita esa fórmula sino que expresa cuál es la respuesta de sus destinatarios. Y la incapacidad de “entender-comprender” es la actitud básica criticada por este mensaje. Es decir, tanto Isaías, como Ezequiel (“no te escucharán porque no me quieren escuchar”: Ez 3,4-9). La mala voluntad para escuchar Yahvé es denunciada por el mismo Isaías en 28,12 y 30,9.15.
Embota el corazón de este pueblo: El segundo encargo de Yahvé es embotar el corazón de “este” pueblo que se ha vuelto impenetrable, duro de oídos y de ojos tapados. Tenemos una expresión artísticamente diseñada: “corazón-oídos-ojos / / ojos-oídos-corazón” para concentrar los tres órganos de la conciencia. El corazón es el órgano de la comprensión, tanto entre los semitas como en casi todas las culturas fuera del horizonte de la cultura de influencia griega. La expresión “duro de corazón” no indica sentimientos negativos, como par nosotros, sino resistencia para entender al otro. Por eso el corazón está relacionado con los ojos y los oídos, especialmente en la perspectiva bíblica en que tanta importancia tiene el “ver” a Dios en los actos humanos (Ex 14,31) y el “escuchar” su palabra. Ezequiel experimentará lo que es el “corazón empedernido” de Judá (Ez 3,7).
No se conviertan y se curen: La meta de la palabra profética es la conversión y la cura de los pecadores. Dios “cura” (cf. Is 19,22; 30,26; 57,18-19), pero para que eso se lleve a cabo se requiere disponibilidad por parte del pueblo: Yahvé no puede curar a quien se resiste a convertirse, quien se endurece ante la palabra del profeta o de cualquier enviado de Dios. Este fue el caso del faraón de Egipto que “endurecía” su corazón ante el mensaje de Yahvé (Ex 8,11.28; 9,7.34) o la experiencia de Amós con los dirigentes de Israel (Am 4,6-12): “pero no volvisteis a mí”, estribillo repetido ¡cinco veces! Tan fuerte es tal resistencia que es como si Dios mismo quisiese “endurecer” el corazón (Ex 10,1) y no quisiera saber nada de curar (Is 6,10).
La dureza del corazón del pueblo lleva a los profetas a no desanimar ante la primera negativa, pues la denuncia profética muestra que el pueblo no solamente no ha entendido, sino que no ha querido entender, que se ha cerrado, que se ha opuesto y que por lo tanto es culpable de sus actitudes denunciadas una y diez veces por los profetas, como es el caso de Jeremías (1,17-19) o de Amós (7,10-17).
Este texto de Is 6,9-10 ha sido usado por los tres evangelios sinópticos para profundizar la palabra de la semilla (Mc 4,12; Mt13,14-15; Lc 8,10 que no prosigue como Marcos la dura cita de Is 6,10, sino que lo hará explícita y completamente en Hch 28,26-27, cuando el rechazo de la gran mayoría de Israel estuviera consumada), y en Juan (12,40). De forma explícita en los dos últimos casos, sobreentendida en los tres primeros, la palabra de Is 6,9-10 es actualizada en el contexto de la experiencia de la misión de la Iglesia primitiva. El rechazo por parte de los judíos al mensaje de Jesús y de sus apóstoles es equivalente al sufrido por los profetas. La contra-respuesta de estos era el anuncio de juicio y castigo, la de los apóstoles fue dirigirse a los gentiles (Hch 28,28: “sabed que esta salvación de Dios ha sido comunicada a los gentiles y estos sí que escucharán”).
11 "¿Hasta cuándo, Señor?" -pregunté-. Y él me respondió: "Hasta que queden las ciudades asoladas y sin habitantes, las casas sin hombres, el campo desolado como un desierto. 12 Yahveh alejará a los hombres y será grande la desolación en el país. 13 Y si aún queda en él una décima parte, volverá a ser consumida. Como el terebinto y la encina, que, talados, conservan un tocón: semilla santa será su tocón".
El profeta pregunta “hasta cuándo”. El profeta no debe contentarse con hablar y luego largarse. La pregunta del v. 11 y la respuesta de Yahvé indican que se debe anunciar el mensaje divino hasta la consumación del castigo.
Se habla de la desolación del país, no de Jerusalén. La referencia parece ser a la invasión de Senaquerib (701) que asoló cuarenta y seis ciudades de Judá y deportó mucha gente. La destrucción no es total. Queda un tocón, una semilla santa, de la cual rebrota la vida y la esperanza.Y la esperanza es la última en morir o no muere nunca.
BIBLIOGRAFÍA:
ALONSO SCHOEKEL L. – SICRE J. L., Profetas. I. Isaías- Jeremías, Madrid, Cristiandad 1980, pp. 139-142.
ABREGO DE LACY J. M., Los libros proféticos, IEB 4, Estella, Verbo divino 2001, pp.117-118.
CROATTO Severino, Isaías. Vol. I: 1,39. O profeta da justiça e da fidelidade, São Paulo - Petrópolis, Metodista-Sinodal-Vozes 1989, pp.57-62.
JUNCO GARZA Carlos, Palabra sin fronteras. Los profetas de Israel, México, San Pablo 32007.
sábado, 3 de setembro de 2011
APARECIDA Y LA ANIMACIÓN BÍBLICA DE LA PASTORAL
247. Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura, leída en la Iglesia. La Sagrada Escritura, “Palabra de Dios escrita por inspiración del Espíritu Santo”, es, con la Tradición, fuente de vida para la Iglesia y alma de su acción evangelizadora. Desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo y renunciar a anunciarlo. De aquí la invitación de Benedicto XVI:
Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y El Caribe se dispone a emprender, a partir de esta V Conferencia General en Aparecida, es condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios.
Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y la meditación de la Palabra:
que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vea que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la
Palabra de Dios.
248. Se hace, pues, necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de “auténtica conversión y de renovada comunión y solidaridad” . Esta propuesta será mediación de encuentro con el Señor si se presenta la Palabra revelada, contenida en la Escritura, como fuente de evangelización. Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra: quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos. Por esto, la importancia de una “pastoral bíblica”, entendida como animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangelización inculturada o de proclamación de la Palabra. Esto exige, por parte de obispos, presbíteros, diáconos y ministros laicos de la Palabra, un acercamiento a la Sagrada Escritura que no sea sólo intelectual e instrumental, sino con un corazón “hambriento de oír la Palabra del Señor” (Am 8, 11).
249. Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la que todos estamos invitados: la Lectio divina o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura. Esta lectura orante, bien practicada, conduce al encuentro con Jesús-Maestro, al conocimiento del misterio de Jesús-Mesías, a la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y al testimonio de Jesús-Señor del universo.
Con sus cuatro momentos (lectura, meditación, oración, contemplación), la lectura orante favorece el encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos personajes del evangelio: Nicodemo y su ansia de vida eterna (cf. Jn 3, 1-21), la Samaritana y su anhelo de culto verdadero (cf. Jn 4, 1-42), el ciego de nacimiento y su deseo de luz interior (cf. Jn 9), Zaqueo y sus ganas de ser diferente (cf. Lc 19, 1-10)... Todos ellos, gracias a este encuentro, fueron iluminados y recreados porque se abrieron a la experiencia de la misericordia del Padre que se ofrece por su Palabra de verdad y vida. No abrieron su corazón a algo del Mesías, sino al mismo Mesías, camino de crecimiento en “la madurez conforme a su plenitud” (Ef 4, 13), proceso de discipulado, de comunión
con los hermanos y de compromiso con la sociedad.
Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y El Caribe se dispone a emprender, a partir de esta V Conferencia General en Aparecida, es condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios.
Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y la meditación de la Palabra:
que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vea que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la
Palabra de Dios.
248. Se hace, pues, necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de “auténtica conversión y de renovada comunión y solidaridad” . Esta propuesta será mediación de encuentro con el Señor si se presenta la Palabra revelada, contenida en la Escritura, como fuente de evangelización. Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra: quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos. Por esto, la importancia de una “pastoral bíblica”, entendida como animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangelización inculturada o de proclamación de la Palabra. Esto exige, por parte de obispos, presbíteros, diáconos y ministros laicos de la Palabra, un acercamiento a la Sagrada Escritura que no sea sólo intelectual e instrumental, sino con un corazón “hambriento de oír la Palabra del Señor” (Am 8, 11).
249. Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la que todos estamos invitados: la Lectio divina o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura. Esta lectura orante, bien practicada, conduce al encuentro con Jesús-Maestro, al conocimiento del misterio de Jesús-Mesías, a la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y al testimonio de Jesús-Señor del universo.
Con sus cuatro momentos (lectura, meditación, oración, contemplación), la lectura orante favorece el encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos personajes del evangelio: Nicodemo y su ansia de vida eterna (cf. Jn 3, 1-21), la Samaritana y su anhelo de culto verdadero (cf. Jn 4, 1-42), el ciego de nacimiento y su deseo de luz interior (cf. Jn 9), Zaqueo y sus ganas de ser diferente (cf. Lc 19, 1-10)... Todos ellos, gracias a este encuentro, fueron iluminados y recreados porque se abrieron a la experiencia de la misericordia del Padre que se ofrece por su Palabra de verdad y vida. No abrieron su corazón a algo del Mesías, sino al mismo Mesías, camino de crecimiento en “la madurez conforme a su plenitud” (Ef 4, 13), proceso de discipulado, de comunión
con los hermanos y de compromiso con la sociedad.
quinta-feira, 1 de setembro de 2011
El DON DE LA LIBERTAD
Dios puso en tu corazón
una antorcha
encendida de belleza y sabiduría;
tristeza es
apagar esta antorcha y apagarla
en las cenizas.
Dios te dio un espíritu
con alas
para volar por el espacio
del amor y de la libertad.
¿No es locura
podar las alas con las propias manos
y tolerar
que el alma se arrastre por tierra
como un gusano?
Kahlil Gibran
una antorcha
encendida de belleza y sabiduría;
tristeza es
apagar esta antorcha y apagarla
en las cenizas.
Dios te dio un espíritu
con alas
para volar por el espacio
del amor y de la libertad.
¿No es locura
podar las alas con las propias manos
y tolerar
que el alma se arrastre por tierra
como un gusano?
Kahlil Gibran
quinta-feira, 25 de agosto de 2011
GASTAR LA VIDA
Jesucristo ha dicho:
“Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,
entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.
Luis Espinal
“Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,
entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.
Luis Espinal
segunda-feira, 22 de agosto de 2011
¿QUIÉN ERES?
Cualquier día,
en cualquier momento,
a tiempo o a destiempo,
sin previo aviso
lanzas tu pregunta:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?
Y yo me quedo a medio camino
entre lo correcto y lo que siento,
porque no me atrevo a correr riesgos
cuando tú me preguntas así.
Nuevamente me equivoco,
Y me impones silencio
Para que escuche tu latir
Y siga tu camino.
Y al poco, vuelves a la carga:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?
Enséñame como tú sabes.
Llévame a tu ritmo
por los caminos del Padre
y por esas sendas marginales
que tanto te atraen.
Corrígeme,
cánsame.
Y vuelve a explicarme
tus proyectos y quereres,
y quién eres.
Cuando en tu vida toda
encuentre el sentido
para los trozos de mi vida rota;
cuando en tu sufrimiento y en tu cruz
descubra el valor de todas las cruces;
cuando haga de tu causa mi causa,
cuando ya no busque salvarme
sino perderme en tus quereres...
Entonces, Jesús, vuelve a preguntarme:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?
Florentino Ulibarri.
en cualquier momento,
a tiempo o a destiempo,
sin previo aviso
lanzas tu pregunta:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?
Y yo me quedo a medio camino
entre lo correcto y lo que siento,
porque no me atrevo a correr riesgos
cuando tú me preguntas así.
Nuevamente me equivoco,
Y me impones silencio
Para que escuche tu latir
Y siga tu camino.
Y al poco, vuelves a la carga:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?
Enséñame como tú sabes.
Llévame a tu ritmo
por los caminos del Padre
y por esas sendas marginales
que tanto te atraen.
Corrígeme,
cánsame.
Y vuelve a explicarme
tus proyectos y quereres,
y quién eres.
Cuando en tu vida toda
encuentre el sentido
para los trozos de mi vida rota;
cuando en tu sufrimiento y en tu cruz
descubra el valor de todas las cruces;
cuando haga de tu causa mi causa,
cuando ya no busque salvarme
sino perderme en tus quereres...
Entonces, Jesús, vuelve a preguntarme:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?
Florentino Ulibarri.
quinta-feira, 18 de agosto de 2011
PABLO, UN CORAZÓN ECUMÉNICO
“Lo que está escrito fue escrito para nuestra instrucción, para nosotros…” (1 Co 10,11; Rm 15,4).
Las cartas de Pablo son nuestras, escritas para nosotros, y para nuestras comunidades.
0. INTRODUCCIÓN: ¡PABLO ES MUCHO PABLO!
El título, además de apasionante, pretende, conlleva y exige un cierto afán de síntesis. Al escoger el título en el contexto del año paulino: Pablo, un corazón ecuménico, me venían en primer lugar mis encuentros con Pablo en contextos muy variados: en Roma, Paulo Afonso (Bahía – Brasil), Santiago de Chile, Madrid, Palencia, Barcelona…, y me decía entre la alegría contemplada y el desafío sentido: “¡Pablo es mucho Pablo!”.
Exige, por nuestra parte, una lectura atenta y en profundidad para descubrir el tesoro teológico-espiritual y misionero. Eso me lo decía mientra me venían a la mente escenas de la carta a los Gálatas, a los Filipenses, capítulo 3, y algunos rasgos sobresalientes de la carta a los Romanos, sin duda los capítulos 9-11, pero mi mirada se fijaba en el amplio horizonte de toda la carta que se me presentaba como diciendo: ¡Ahí queda eso! Lógicamente no me he olvidado de las dos cartas a los Corintios que también nos ofrecen un amplio panorama a tener en cuenta en cuanto a dinámica ecuménica se refiere. Y me decía a mí mismo y me aconsejaba de entrada a no usar ingenua ni alegremente ese título, aunque era muy consciente de ello al elegirlo. Luego, tras una reflexión más pausada, me confirmé y me mantengo en lo dicho: Sí, Pablo tiene un corazón ecuménico por los cuatro costados. Sin más preámbulos, vamos allá. Agarremos ese toro por los cuernos cuidando no arriesgar la vida en la faena. Para ello tendremos que llevar en cuenta algunas cosas previas y obvias, pero necesarias.
1. LA PERSONALIDAD DE PABLO Y LA DE OTROS MISIONEROS
La personalidad de Pablo como la de otras personas y personalidades que entraron en la evangelización de las primeras comunidades ayudaron a encuentros, dieron lugar también a algunos desencuentros (1 Corintios 1-4; Gl 1-2) y a un crecimiento recíproco tanto personal, como comunitario y al conocimiento del misterio salvífico de Dios.
2. PABLO, HOMBRE DE CULTURAS Y TRANSICIONES
Pablo apóstol, el hombre de la transición : Gran parte de los problemas enfrentados por Pablo durante los trece años de vida itinerante fueron problemas relacionados con el proceso de transición en que se encontraba el pueblo de Dios.
3. LA MISIÓN ENTRE JUDÍOS Y GRIEGOS
¿Quiénes formaban el tejido de las comunidades de los Corintios: eran judíos de procedencia o también de las “naciones”, de los “gentiles”? Basta conferir 1 Corintios 10,31-33 para tener una respuesta adecuada de la pluralidad de procedencias en las varias comunidades paulinas. También los diferentes temas, enfoques y argumentos que usa Pablo en sus cartas apuntan a la identidad de sus destinatarios, sean de procedencia judía o de las naciones.
• En la confrontación con sus hermanos, los judíos
“Digo la verdad en Cristo, no miento -y de ello me da testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo-: siento gran tristeza y profundo e incesante dolor en mi corazón. Hasta desearía yo mismo ser anatema, ser separado de Cristo en bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne. Ellos son israelitas; a ellos pertenecen la adopción filial y la gloria y las alianzas y la legislación y el culto y las promesas; a ellos pertenecen los patriarcas, y de ellos procede, según la carne, Cristo; el cual está por encima de todo, Dios bendito para siempre. Amén” (Rm 9,1-5).
• En la confrontación con los paganos
“Por lo cual, yo, Pablo, prisionero por Cristo Jesús para beneficio de vosotros los gentiles... - ya que habéis oído hablar de la misión de la gracia que Dios me ha concedido con respecto a vosotros: cómo por una revelación se me ha dado a conocer el misterio, según os lo expuse arriba en pocas palabras-. Según lo vais leyendo, podéis advertir mi conocimiento del misterio de Cristo; misterio que no fue dado a conocer a los hombres de las generaciones pasadas tal como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu, a saber, que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio, del cual yo he sido constituido servidor en virtud del don de la gracia de Dios que me ha sido concedido por la acción de su poder” (Ef 3,1-7).
4. CÓMO VIVIR UNA ESPIRITUALIDAD EN TIEMPOS RECIOS
El manantial de donde Pablo saca luz, fuerzas y ánimo para anunciar el Evangelio de Cristo en radicalidad y fidelidad creativas. Su descubrimiento de Cristo: crucificado-resucitado: 1 Co 1; Flp 2; Rm 8. El amor de Cristo “me cambió la cabeza, el corazón y las entrañas”. “Con Cristo estoy crucificado. Y ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mí. Y respecto del vivir ahora en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. No anulo la gracia de Dios; pues si por la ley viene la justificación, entonces Cristo murió en vano” (Gl 2,19 -21). Respuesta a ese amor es la apuesta de Pablo: Mi apuesta es total por Cristo y su Evangelio (Flp 3,7): “Para mí vivir es Cristo” (Flp 1,21).
5. LA PALABRA DE DIOS – LA ESCRITURA Y EL ECUMENISMO
a) El pozo escondido que riega el jardín de toda la vida-misión de Pablo, toda su espiritualidad misionera, apostólica, trinitaria, eclesial… es la Palabra de Dios, la Escritura, como dice Pablo. Navegar por el océano paulino descubre los riesgos del etnocentrismo de creernos el centro del mundo, olvidando que tanto la salvación como el Espíritu Santo son gracia, gratuidad, dones recibidos y no posesión segura que podemos blandir cual espada afilada contra los otros.
• En Gálatas, 3, 28-29 podemos evidenciar el carácter universal del Evangelio: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.
Pablo estaría siguiendo el mandato expreso de Jesús en Mateo 28,19: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones...”. Pablo es quien proclama primeramente la universalidad o “catolicidad” absoluta de la nueva fe.
• Romanos es considerada la más importante carta escrita por el Apóstol y, de hecho, se considera uno de los documentos más relevantes del cristianismo. En Rm 10,12, vemos algunos principios significativos: Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico con todos los que le invocan.
• En Filipenses 3,20, observamos quizás el ejemplo más patente de la visión cosmopolita y ecuménica del apóstol de Tarso, por el hábil uso de la palabra “ciudadanía” (políteuma), con la cual extrapola una expresión del medio político al ámbito espiritual. El capítulo 3, entero, merece una atención especial desde este punto de vista.
• La carta enviada por Pablo a la comunidad de Colosas a pesar de encontrarse dentro del corpus paulinum, ha ofrecido dudas sobre su autenticidad. En Colosenses 3,11 dice: “Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y está en todas las cosas”.
Observamos como, al igual que en Gálatas 3, 28-29 y Romanos 10,12, son borradas las diferencias entre judíos y griegos en el nuevo contexto cristiano, ampliándose incluso hasta los escitas y cualquier pueblo considerado bárbaro. Pero lo que llama más la atención a la luz de este estudio, es el énfasis en el carácter universalista del cristiano y de su unificación en Cristo.
b) Pasearnos continuamente como Pablo por toda la Escritura es la mejor fuente de espiritualidad ecuménica que conozco y el manantial más fructífero para una evangelización inculturada que responda a los anhelos, las expectativas y los sueños de hombres y mujeres de todos los tiempos. Dos documentos más de la Pontificia Comisión Bíblica cabe mencionar aquí. La interpretación de la Biblia en la Iglesia , de 1993, y El pueblo judío y sus escrituras sagradas , que podéis encontrar en la siguiente WEB: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/pcb_documents/rc_con_cfaith_doc_20020212_popolo-ebraico_sp.html.
Es una convicción personal que se ha ido afianzando cada vez con más fuerza desde los estudios realizados en América Latina y sobre todo cuando oí hace años el método que llevaba a cabo una animadora bíblica de Brasil. Decía ella, de nombre Raquel: “Leo constantemente dos libros del Antiguo y uno del Nuevo”. No me parece una fórmula indiferente, al contrario, es una buena fórmula, sobre todo para quien por nuestras latitudes cree – por comodidad, ignorancia o cobardía - poder “dispensar de golpe todo el Antiguo Testamento” quedándose, como dicen, con el Nuevo. Pon en práctica ese criterio de lectura señalado por Raquel y verás lo que eso significa para tu vida y espiritualidad y también para el ecumenismo.
6. UN CORAZÓN ECUMÉNICO
Pablo es un hombre de corazón ecuménico. Pablo es ecuménico de corazón: desde el corazón de la Escritura, desde el corazón del corazón de Cristo Jesús y desde el corazón de la misión sin fronteras entre todos los pueblos. En el camino del ecumenismo un talante, una mirada, una actitud así es de capital importancia:
• Misericordiosa y evangélica, llena de perdón y comprensión que lleva a buscar más lo que une que lo que nos divide (Juan XXIII).
• En camino y cuidar, como dice Pablo, de “no caer”, pues ese “tesoro lo llevamos en vasijas de barro” (2 Co 4,7). Somos “frágiles y débiles” (Don Ricardo Blanco).
• Involucrarnos: Un sentirnos Iglesia-fraterna que conjuga constantemente la primera persona singular, yo, con la primera plural, nosotros, en el perdón misericordioso e infinito del que nos revela el rostro de su Hijo amado (Gl 2,20; Lc 3,20-21).
• Caminar cada día animados por el Espíritu de Jesús que nos lleva a gritar-clamar-susurrar Abba-Padre. Un espíritu de hijos-hijas, no de esclavos, para vivir en el temor, sino en el Amor “¡universal!”, abierto a todos los pueblos y culturas, a lo que el Espíritu dice hoy a las Iglesias (Ap 2,7.11.17.29; 3,6.13.22).
¡DANOS, SEÑOR, UN CORAZON ECUMENICO GRANDE PARA AMAR Y FUERTE PARA LUCHAR!
domingo, 14 de agosto de 2011
JESÚS ES PARA TODOS
Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: - Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: - Atiéndela, que viene detrás gritando.
Él les contestó: - Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: - Señor, socórreme.
Él le contestó: - No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: - Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió: - Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.
******
La escena es sorprendente. Una mujer pagana sale gritando al encuentro de Jesús. Es una madre de fuerte personalidad que reclama compasión para su hija enferma, pues está segura de que Dios quiere una vida digna para todos sus hijos e hijas, aunque sean paganos, aunque sean mujeres.
Su petición es directa: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija está atormentada por un demonio». Sin embargo, su grito cae en el vacío: Jesús guarda un silencio difícil de explicar. ¿No se conmueve su corazón ante la desgracia de aquella madre sola y desamparada?
La tensión se hace más insoportable cuando Jesús rompe su silencio para negarse rotundamente a escuchar a la mujer. Su negativa es firme y brota de su deseo de ser fiel a la misión recibida de su Padre: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
La mujer no se desalienta. Apresura el paso, alcanza al grupo, se postra ante Jesús y, desde el suelo, repite su petición:
«Señor, socórreme». En su grito está resonando el dolor de tantos hombres y mujeres que no pertenecen al grupo de aquel Sanador, y sufren una vida indigna. ¿Han de quedar excluidos de su compasión?
Jesús se reafirma en su negativa: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». La mujer no se rinde ante la frialdad escalofriante de Jesús. No le discute, acepta su dura imagen, pero extrae una consecuencia que Jesús no ha tenido en cuenta: «Tienes razón, Señor; pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos». En la mesa de Dios hay pan para todos.
Jesús reacciona sorprendido. Escuchando hasta el fondo el deseo de esta pagana, ha comprendido que lo que pide es exactamente lo que quiere Dios: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». El amor de Dios a los que sufren no conoce fronteras, ni sabe de creyentes o paganos. Atender a esta mujer no le aleja de la voluntad del Padre sino que le descubre su verdadero alcance.
Los cristianos hemos de aprender hoy a convivir con agnósticos, indiferentes o paganos. No son adversarios a apartar de nuestro camino. Si escuchamos su sufrimiento, descubriremos que son seres frágiles y vulnerables que buscan, como nosotros, un poco de luz y de aliento para vivir.
Jesús no es propiedad de los cristianos. Su luz y su fuerza sanadora son para todos. Es un error encerrarnos en nuestros grupos y comunidades, apartando, excluyendo o condenando a quienes no son de los nuestros. Sólo cumplimos la voluntad del Padre cuando vivimos abiertos a todo ser humano que sufre y gime pidiendo compasión.
José Antonio Pagola
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: - Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: - Atiéndela, que viene detrás gritando.
Él les contestó: - Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: - Señor, socórreme.
Él le contestó: - No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: - Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió: - Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.
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La escena es sorprendente. Una mujer pagana sale gritando al encuentro de Jesús. Es una madre de fuerte personalidad que reclama compasión para su hija enferma, pues está segura de que Dios quiere una vida digna para todos sus hijos e hijas, aunque sean paganos, aunque sean mujeres.
Su petición es directa: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija está atormentada por un demonio». Sin embargo, su grito cae en el vacío: Jesús guarda un silencio difícil de explicar. ¿No se conmueve su corazón ante la desgracia de aquella madre sola y desamparada?
La tensión se hace más insoportable cuando Jesús rompe su silencio para negarse rotundamente a escuchar a la mujer. Su negativa es firme y brota de su deseo de ser fiel a la misión recibida de su Padre: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
La mujer no se desalienta. Apresura el paso, alcanza al grupo, se postra ante Jesús y, desde el suelo, repite su petición:
«Señor, socórreme». En su grito está resonando el dolor de tantos hombres y mujeres que no pertenecen al grupo de aquel Sanador, y sufren una vida indigna. ¿Han de quedar excluidos de su compasión?
Jesús se reafirma en su negativa: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». La mujer no se rinde ante la frialdad escalofriante de Jesús. No le discute, acepta su dura imagen, pero extrae una consecuencia que Jesús no ha tenido en cuenta: «Tienes razón, Señor; pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos». En la mesa de Dios hay pan para todos.
Jesús reacciona sorprendido. Escuchando hasta el fondo el deseo de esta pagana, ha comprendido que lo que pide es exactamente lo que quiere Dios: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». El amor de Dios a los que sufren no conoce fronteras, ni sabe de creyentes o paganos. Atender a esta mujer no le aleja de la voluntad del Padre sino que le descubre su verdadero alcance.
Los cristianos hemos de aprender hoy a convivir con agnósticos, indiferentes o paganos. No son adversarios a apartar de nuestro camino. Si escuchamos su sufrimiento, descubriremos que son seres frágiles y vulnerables que buscan, como nosotros, un poco de luz y de aliento para vivir.
Jesús no es propiedad de los cristianos. Su luz y su fuerza sanadora son para todos. Es un error encerrarnos en nuestros grupos y comunidades, apartando, excluyendo o condenando a quienes no son de los nuestros. Sólo cumplimos la voluntad del Padre cuando vivimos abiertos a todo ser humano que sufre y gime pidiendo compasión.
José Antonio Pagola
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