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sexta-feira, 22 de julho de 2011

POR LA CALZADA DE EMAUS

Por la calzada de Emaús
un peregrino iba conmigo,
no le conocí al caminar;
ahora sí, en la fracción del pan.

¿Qué llevabas conversando?
me dijiste, buen amigo;
y me detuve asombrado
a la vera del camino.
¿No sabes lo que ha pasado
allá en Jerusalén
con Jesús de Nazaret
a quien clavaron en cruz?
Por eso me vuelvo triste
a mi aldea de Emaús.

Van tres días que se ha muerto,
y se acaba mi esperanza;
dicen que algunas mujeres
al sepulcro fueron de alba;
Pedro, Juan y algunos otros
hoy también allá buscaron
se ha acabado mi esperanza:
no encontraron a Jesús.
Por eso me vuelvo triste
a mi aldea de Emaús.

"¡Oh tardíos corazones
que ignoráis a los profetas!
en la ley ya se anunció
que el Mesías padecería,
y, por llegar a su gloria,
escogería la aflicción."
En la tarde de aquel día
yo sentí que con Jesús
nuestro corazón ardía
a la vista de Emaús.

Hizo señas de seguir
más allá de nuestra aldea,
y la luz del sol poniente
pareció que se muriera:
"¡Quédate, forastero:
ponte a la mesa y bendice!"
Y al destello de su luz,
en la bendición del pan,
mis ojos reconocieron
al Amigo de Emaús.